EDUCACIÓN CHILENA: ¿REPRODUCIENDO LA DESIGUALDAD?

Por Mario Medina
Como nos puede decir la ministra que las brechas no aumentan, siendo que este año tanto en términos absolutos como relativos a los jóvenes de establecimientos municipales les fue peor que el año pasado y los privados mejoraron en ambos términos.
Los datos no mienten (durante toda la columna utilizaremos los datos entregados por el DEMRE que se encuentran publicados en www.demre.cl), y ellos dicen que en el año 2007 fueron 51.487 jóvenes de colegios municipales, correspondientes al 57,65% de los que rindieron la PSU, los que obtuvieron igual o más de 450 puntos en la PSU, mientras que el 2008 sólo 50.709 jóvenes, correspondientes al 57,6% de los que la rindieron, lograron igualar o superar los 450 puntos.
Los estudiantes de establecimientos privados en cambio lograron acercarse más a que el 100% de los que rinden la PSU obtenga igual o más de 450 puntos, el año 2007 fueron 22.943 jóvenes de los que rindieron la prueba, o sea un 92, 63%, los que superaron o igualaron los 450 puntos, mientras que el 2008 fueron 23.206 los que lo lograron, el 93,70%. Al hacer la misma comparación con los 475 puntos, que es el puntaje mínimo para que un joven pueda postular al crédito universitario, los resultados varían igual, lo que es importante señalar de esto es que los estudiantes que provienen de establecimientos municipales lograron tan sólo en un 47,8% superar ese puntaje, mientras que los de establecimientos privados en un 91%. De verdad debemos preguntarnos y preguntarle a la ministra, ¿si eso no es aumentar la brecha, que es?
Otro de los puntos que nos revela la enorme desigualdad del sistema educacional chileno es el analizar los datos de los resultados de la PSU divididos según niveles de ingreso familiar.
Para esto compararemos los resultados de los 131.031 jóvenes cuyos ingresos familiares son menores o iguales a 270 mil pesos mensuales y de los 24.311 jóvenes cuyos ingresos familiares son mayores o iguales a 810.001 pesos, a los primeros los denominaremos G1 y a los segundos G2. Tan sólo el 8,65% de los jóvenes pertenecientes a G1 podrán postular a la Universidad de Chile o Universidad Católica (ambas universidades exigen como mínimo 600 puntos para postular a sus carreras), mientras que el 52,11% de G2 podrá hacerlo sin problemas. El resultado de quienes logran superar la barrera de los 700 puntos demuestra aún una mayor desigualdad, sólo el 0,73% de los jóvenes de G1 lo lograron, resultado que es insignificante en comparación al 12,86% conseguido por los jóvenes de G2. Para terminar de re-demostrar las enormes inequidades de nuestro sistema educacional, veremos que sólo el 6,67% de los jóvenes de G2 obtuvo menos de 450 y que los jóvenes de G1, en cambio, en un 41,96% no consiguieron obtener ese puntaje.
Sin duda, pese a lo que hemos mostrado aquí, muchos seguirán defendiendo el sistema educacional, dirán que cada día entran más jóvenes a la educación superior y saldrá algún ministro o ex presidente mostrando sus manos y diciendo que en Chile 7 de cada 10 jóvenes que ingresan a la educación superior son primera generación que lo consigue en sus familias, lo cual es verdad. Pero, lo que sucede detrás de eso es lo que ellos no nos muestran con sus manos, o sea, cuantos de esos jóvenes lograran estudiar en una institución de calidad y excelencia, cuantas veces el sueldo de sus padres deberán endeudarse para pagar sus carreras, cuantos conseguirán los recursos necesarios para estudiar en igualdad de condiciones que los jóvenes pertenecientes a familias de altos ingresos, cuantos ganaran lo mismo que un joven que estudio lo mismo pero vive en el barrio alto, tiene un apellido anglosajón o de la alta aristocracia chilena y estudio en un colegio privado, o simplemente cuantos lograran terminar sus carreras.
Los que más defenderán que el modelo es exitoso son los dueños de universidades privadas, y lo harán por que en los jóvenes de menos ingresos existe un enorme negocio:
Las universidades privadas han encontrado en los jóvenes de ingresos medios y bajos un espacio de desarrollo tremendo, han agotado la capacidad de absorber a los jóvenes de los sectores de mayores ingresos del país, por lo que necesitan enfocarse en los primeros para seguir haciendo crecer su negocio.
Ellos incentivaran el aporte del Estado para esos jóvenes, crearan sistemas de créditos propios, se asociaran con bancos, inventaran cuantas carreras se les pueda ocurrir, saturaran el mercado de profesionales, continuaran construyendo edificios que se arrendaran ellos mismos, etcétera, etcétera, etcétera.
Los datos que hemos mostrado parecen ser el fiel reflejo de nuestra sociedad, sin querer desviarme del tema planteo esto por que no debemos olvidar que Chile posee uno de los niveles de desigualdad más altos del mundo, peleando en forma muy estrecha con Brasil el primer lugar en Sudamérica y siendo uno de los top ten a nivel mundial.
Cuando Chile elimina al decil más rico de la población, con fines estadísticos, para medir su índice de desigualdad alcanza niveles de equidad parecidos al de muchos países europeos y mucho menor al del mismo Estados Unidos. Lo anterior, en conjunto con los datos que hemos analizado demuestra que el nivel de concentración económica y, en la actualidad, del capital humano se encuentra altamente encerrado en un sector muy pequeño de la población.
Este sector es el que día a día nos intenta hacer creer con su obras de beneficencia y con un gran gasto comunicacional que el sistema avanza en la dirección correcta, pero tan sólo basta escaparse unos segundos del mundo que nos quieren construir para poder ver la realidad y entender que en verdad nos segregan y condenan a ciclos interminables de pobreza y exclusión cada vez con más fuerza.
Puedo decir para resumir y simplificar lo que he dicho hasta ahora, que la vida de dos jóvenes con las mismas capacidades, pero con un origen socioeconómico opuesto, se parece a una carrera de 400 metros planos.
En esta carrera ambos jóvenes parten desde la misma línea, pero el joven de origen humilde lo hará en una pista de tierra, con zapatillas (si tiene suerte) y tendrá que ir saltando y esquivando infinitos obstáculos durante los 400 metros, en cambio el joven de altos ingresos lo hará en una pista atlética de carpeta, con zapatillas de atletismo y de marca, además sólo encontrara como obstáculo en el camino el roce del viento. Claro, que como en toda competencia el ganador será quien llegue primero, ¿quien creen ustedes que será el ganador?
Los datos no mienten (durante toda la columna utilizaremos los datos entregados por el DEMRE que se encuentran publicados en www.demre.cl), y ellos dicen que en el año 2007 fueron 51.487 jóvenes de colegios municipales, correspondientes al 57,65% de los que rindieron la PSU, los que obtuvieron igual o más de 450 puntos en la PSU, mientras que el 2008 sólo 50.709 jóvenes, correspondientes al 57,6% de los que la rindieron, lograron igualar o superar los 450 puntos.
Los estudiantes de establecimientos privados en cambio lograron acercarse más a que el 100% de los que rinden la PSU obtenga igual o más de 450 puntos, el año 2007 fueron 22.943 jóvenes de los que rindieron la prueba, o sea un 92, 63%, los que superaron o igualaron los 450 puntos, mientras que el 2008 fueron 23.206 los que lo lograron, el 93,70%. Al hacer la misma comparación con los 475 puntos, que es el puntaje mínimo para que un joven pueda postular al crédito universitario, los resultados varían igual, lo que es importante señalar de esto es que los estudiantes que provienen de establecimientos municipales lograron tan sólo en un 47,8% superar ese puntaje, mientras que los de establecimientos privados en un 91%. De verdad debemos preguntarnos y preguntarle a la ministra, ¿si eso no es aumentar la brecha, que es?
Otro de los puntos que nos revela la enorme desigualdad del sistema educacional chileno es el analizar los datos de los resultados de la PSU divididos según niveles de ingreso familiar.
Para esto compararemos los resultados de los 131.031 jóvenes cuyos ingresos familiares son menores o iguales a 270 mil pesos mensuales y de los 24.311 jóvenes cuyos ingresos familiares son mayores o iguales a 810.001 pesos, a los primeros los denominaremos G1 y a los segundos G2. Tan sólo el 8,65% de los jóvenes pertenecientes a G1 podrán postular a la Universidad de Chile o Universidad Católica (ambas universidades exigen como mínimo 600 puntos para postular a sus carreras), mientras que el 52,11% de G2 podrá hacerlo sin problemas. El resultado de quienes logran superar la barrera de los 700 puntos demuestra aún una mayor desigualdad, sólo el 0,73% de los jóvenes de G1 lo lograron, resultado que es insignificante en comparación al 12,86% conseguido por los jóvenes de G2. Para terminar de re-demostrar las enormes inequidades de nuestro sistema educacional, veremos que sólo el 6,67% de los jóvenes de G2 obtuvo menos de 450 y que los jóvenes de G1, en cambio, en un 41,96% no consiguieron obtener ese puntaje.
Sin duda, pese a lo que hemos mostrado aquí, muchos seguirán defendiendo el sistema educacional, dirán que cada día entran más jóvenes a la educación superior y saldrá algún ministro o ex presidente mostrando sus manos y diciendo que en Chile 7 de cada 10 jóvenes que ingresan a la educación superior son primera generación que lo consigue en sus familias, lo cual es verdad. Pero, lo que sucede detrás de eso es lo que ellos no nos muestran con sus manos, o sea, cuantos de esos jóvenes lograran estudiar en una institución de calidad y excelencia, cuantas veces el sueldo de sus padres deberán endeudarse para pagar sus carreras, cuantos conseguirán los recursos necesarios para estudiar en igualdad de condiciones que los jóvenes pertenecientes a familias de altos ingresos, cuantos ganaran lo mismo que un joven que estudio lo mismo pero vive en el barrio alto, tiene un apellido anglosajón o de la alta aristocracia chilena y estudio en un colegio privado, o simplemente cuantos lograran terminar sus carreras.
Los que más defenderán que el modelo es exitoso son los dueños de universidades privadas, y lo harán por que en los jóvenes de menos ingresos existe un enorme negocio:
Las universidades privadas han encontrado en los jóvenes de ingresos medios y bajos un espacio de desarrollo tremendo, han agotado la capacidad de absorber a los jóvenes de los sectores de mayores ingresos del país, por lo que necesitan enfocarse en los primeros para seguir haciendo crecer su negocio.
Ellos incentivaran el aporte del Estado para esos jóvenes, crearan sistemas de créditos propios, se asociaran con bancos, inventaran cuantas carreras se les pueda ocurrir, saturaran el mercado de profesionales, continuaran construyendo edificios que se arrendaran ellos mismos, etcétera, etcétera, etcétera.
Los datos que hemos mostrado parecen ser el fiel reflejo de nuestra sociedad, sin querer desviarme del tema planteo esto por que no debemos olvidar que Chile posee uno de los niveles de desigualdad más altos del mundo, peleando en forma muy estrecha con Brasil el primer lugar en Sudamérica y siendo uno de los top ten a nivel mundial.
Cuando Chile elimina al decil más rico de la población, con fines estadísticos, para medir su índice de desigualdad alcanza niveles de equidad parecidos al de muchos países europeos y mucho menor al del mismo Estados Unidos. Lo anterior, en conjunto con los datos que hemos analizado demuestra que el nivel de concentración económica y, en la actualidad, del capital humano se encuentra altamente encerrado en un sector muy pequeño de la población.
Este sector es el que día a día nos intenta hacer creer con su obras de beneficencia y con un gran gasto comunicacional que el sistema avanza en la dirección correcta, pero tan sólo basta escaparse unos segundos del mundo que nos quieren construir para poder ver la realidad y entender que en verdad nos segregan y condenan a ciclos interminables de pobreza y exclusión cada vez con más fuerza.
Puedo decir para resumir y simplificar lo que he dicho hasta ahora, que la vida de dos jóvenes con las mismas capacidades, pero con un origen socioeconómico opuesto, se parece a una carrera de 400 metros planos.
En esta carrera ambos jóvenes parten desde la misma línea, pero el joven de origen humilde lo hará en una pista de tierra, con zapatillas (si tiene suerte) y tendrá que ir saltando y esquivando infinitos obstáculos durante los 400 metros, en cambio el joven de altos ingresos lo hará en una pista atlética de carpeta, con zapatillas de atletismo y de marca, además sólo encontrara como obstáculo en el camino el roce del viento. Claro, que como en toda competencia el ganador será quien llegue primero, ¿quien creen ustedes que será el ganador?
* El autor es estudiante de Magíster en Política y Gobierno en FLACSO y Ex Vicepresidente de la FECH. Colaborador permanente de Crónica Digital.
Santiago de Chile, 26 de diciembre 2007
Crónica Digital
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